Ha muerto Jane Goodall, pocas como ella nos han abierto la mirada para tratar al otro como un igual, no le importó mucho que el otro fuera un chimpancé. Así desdibujó la frontera entre lo animal y lo humano, entre nosotros y ellos.

Hace pocos meses perdimos a otra gran dama de la protección de la vida, Joanna Macy.
Ambas han muerto pasados los 90 años y con las “ botas puestas”. Hasta el último momento han estado trabajando, guiando, inspirando y animándonos a proteger todo aquello que hay de frágil y bello en este planeta.
Estoy de despedida, con su pérdida me siento mucho más huérfana y también más responsable. Cómo decía Joanna Macy , no vale soñar que vendrá un “llanero” solitario a sacarnos las castañas del fuego. No podemos esperar tampoco que sean ellas, las grandes damas, las que nos salven, quizás es momento de asumir que “ somos aquellas que estábamos esperando” y actuar en consecuencia.
A mí me gustaría actuar y vivir sin peso ni culpa, si no con la alegría, la ligereza y la determinación que da saber que siempre merece la pena hacer aquello que tiene sentido, más allá del resultado.
El camino hacia un mundo más sano y amable no está marcado, no está claro y no parece fácil. Las grandes damas nos velan e inspiran pero por encima de todo, nos tenemos las unas a las otras. No solo “ somos aquellas que estábamos esperando”, sino también somos las que “nos estábamos esperando “. Cojamos el relevo con humildad y determinación, no estamos solas en este camino, somos muchas, somos valientes, somos suaves, somos la vida que se cuida a sí misma.
Gracias Joana, Gracias Jane, gracias por todos los regalos de vuestras vidas llenas de generosidad. Muchas gracias y muy buena continuación!
